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Luchemos con todas nuestras fuerzas contra el cáncer

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La Organización Mundial de la Salud publicaba en el mes de febrero de este año que, por desgracia, el cáncer es una enfermedad que nos afecta a todos, sin distinción alguna por razón de la edad, riqueza o sexo. Sin embargo, aporta un rayo de esperanza al reconocer que “muchas de esas muertes se pueden evitar”. De hecho, entre un 30% y un 50% de ellos “se pueden prevenir adoptando hábitos saludables, como evitar el consumo de tabaco, o adoptando medidas de salud pública, como la inmunización contra las infecciones que los causan. Otros tipos de cáncer se pueden detectar, tratar y curar tempranamente”. Se abre una puerta a la esperanza. Por lo que toda ayuda económica, investigación es poca para tratar de acabar o al menos prevenir esta lacra y “llegar a tiempo” en su detección, pues ésta resulta fundamental.

Más datos leíamos, el 1 de junio de 2017, en la nota de prensa de la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC) que ponían en evidencia alguna de las cuestiones fundamentales ligadas a este mal:

  • El 73% de los pacientes con cáncer van a necesitar algún tipo de ayuda (más de un millón de personas), aproximadamente el 28% tendrá necesidades sociales, un 40% psicológicas y el resto orientación médico sanitaria.
  • El 36% de las demandas sociales atendidas por la AECC están destinadas a cubrir necesidades básicas y nuevos gastos extras derivados del diagnóstico de cáncer.
  • El 42% de los pacientes atendidos por la AECC han presentado malestar emocional, un 21% ansiedad y un 10% depresión.
  • Duelo, necesidad de orientación y malestar emocional, son las principales demandas de familiares.
  • Cada año, la AECC atiende a casi medio millón de personas en toda España en sus programas de apoyo y acompañamiento.

No voy a seguir aburriendo con cifras; pues, si bien son esenciales en el diseño de una composición de lugar para los profanos en esta materia desde el punto de vista médico, todos, más o menos cerca, más o menos en primera persona, padecemos esta enfermedad.

¿Quién no tiene un familiar o un amigo cercano con el que vive día a día este mal que nos invade?.

¿Quién no sabe, por triste desgracia, lo que se sufre con todas las fases o estadios por los que se pasa? Desde que una analítica sale con unos valores extraños, o un dolor o malestar incipientes, hasta la etapa posterior a la quimioterapia o radioterapia, el cansancio, el desanimo, los efectos secundarios de la medicación en todas sus gradaciones desde la más simple sequedad de mucosas o el quemazón de garganta con algunas bebidas, ¡como el agua templada!, el resquemor en la planta de los pies, hasta el agotamiento. Pasando por la necesaria biopsia, en algunos casos, o el tac, en otros. Los resultados de estas pruebas nos parecen que no llegan nunca y cuando llegan te niegas a aceptarlo, ¿por qué yo? ¿qué he hecho yo para merecer esto?.

La segunda opinión médica es nuestra tabla de salvación. La operación, extirpación del tumor o el acabar con él a través de una quimio que se introduce en tu propio cuerpo en la propia operación (¡impensable hace unos años!) son el siguiente paso en un proceso que sigue su curso.

Van cayendo las piezas de domino, se “van quemando etapas”, las hojas del calendario se van “arrancando” y el cáncer se va poco a poco paliando.

La recuperación hospitalaria, un nuevo resultado fruto de la operación quirúrgica y los valores en sangre muestran como el problema puede tocar ya a su fin. Seis meses de quimio en vena, “aderezado” con las pastillas en el domicilio son algunas de las medicinas que nos ayudan a acabar con ello. Durante todo ese tiempo, el optimismo y la actividad son fundamentales.

El desanimo es para otros. ¡Este partido lo vamos a ganar!

De hecho los resultados son alentadores, pero para ello, la prevención es esencial y, para ello, los aparatos son fundamentales. Máquinas que cuestan miles, millones de euros… Soy de la opinión que cuantas más mejor, más reconocimientos se podrán hacer, más eficaz será una detección precoz. Sin embargo, algunas Asociaciones no comparten esta idea. Que un empresario done 320 millones de euros está mal visto. Ojalá que nunca lo necesitamos, ¿pero si no es así? Si nuestro padre o nuestra madre, nuestro hermano o nuestro hijo, nuestro amigo “del alma” lo necesita y le va a ayudar a superarlo… ¡Yo lo quiero!.

Nadie duda de la categoría de la medicina en España, del servicio público sanitario que tenemos. Pero aún así, yo quiero más y mejor; así que bienvenida cuanta más ayuda podamos recibir, sea por la vía de los tributos o de las donaciones; mientras sea legal y reporte utilidad, bienvenido sea.

De hecho, hace tan sólo unas horas leímos en los medios de comunicación cómo nacía un rotundo rechazo a las donaciones realizadas por el empresario y fundador del textil Inditex, Amancio Ortega. Es incomprensible, al menos, en mi cabeza.

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Y cierro este post con esta otra noticia que se publicaba el 7 de junio en La Nueva España que nos hacía sonreír ante la brillante idea de un conjunto de enfermeros que crea una página de internet para ayudar a los pacientes a resolver sus dudas sobre el cáncer recibiendo 30.000 visitas en unos diez días. La empatía, el trato cercano del personal sanitario-paciente es esencial. Las incógnitas te asaltan en cualquier momento, por lo que, tener una respuesta a “golpe de click” es una ayuda más en este proceso del que se puede salir.

¡Ánimo estamos contigo día a día!